lunes 28 de enero de 2008

B&B: ¡Vaya chiste!

Otro año más Bread &Butter. Y más de lo mismo. Pero no por eso peor. Stands innovadores, gente de lo más freak y energía, mucha energía. Eso es lo que me gusta del Bread & Butter, que de alguna extraña manera está vivo. Es como la conga dentro de una fiesta de carnaval donde el que acaba último queda eliminado. Y así sucesivamente. Un festival de luces y parafernalia en el que de cada edición puedes aprender algo nuevo.
De acuerdo, es un mundo banal, efímero y superficial. Pero si nos quitamos estos prejuicios y observamos el trabajo y los acabados, vale la pena investigar. Puedes detectar tendencias globales solo con darte una vuelta y estar atento, observar lo que se cuece en diseño (bueno, lo que se empezará a copiar dentro de poco) y encontrarte con personalidades que, pese a que algunos de ellos sean unos auténticos capullos, valen su peso en oro. Gente que disfruta trabajando y, lo más importante, que trabaja disfrutando.

Señores, el mundo de la moda no es tan malo. Peor es Bono de U2. Solo hay que tomárselo a risa. Como cuando te cuentan un chiste racista y, pese a tus convicciones de ciudadano moderno, te descojonas. Esto es el Bread & Butter, un chiste políticamente incorrecto con el que además de reírte un buen rato siempre descubres cosas nuevas.